Lo tóxico y lo nutritivo

Aunque hay muchos puntos que podríamos ver sobre este tema, hay dos puntos en particular que quiero mirar. Uno tiene que ver con nuestro papel activo en este tema y el otro está relacionado con nuestro papel pasivo.

Algunas veces somos nosotros los que sufrimos la toxicidad de otros: a veces con alguien que nos llena de juicios y quejas sobre otros, otras veces alguien que nos falta el respeto constantemente, o quizás es alguien que con tiene un accionar tóxico silencioso, ya que lo único que hace es ignorarnos, ignorar lo que decimos o lo que aportamos, otras veces es alguien que “no” escucha entonces insiste una y otra vez en dirigir nuestra vida o en opinar sobre lo que nadie les pidió opinión, haciendo caso omiso a lo que decimos, otras con topamos con personas incapaces de respetar nuestro tiempo o nuestros espacios, personas que parecen que fueran por la vida, atropellando a los demás y sintiéndose dueños de todo y de todos, en otros casos, te cruzas con alguien que siente que es la persona más desafortunada de la tierra por lo que se cree con absoluto derecho a tirarte toda su desgracia encima, y en lugar de ocupar su tiempo en ponerse como protagonista de su vida, lo ocupa intoxicando la tuya.

En cualquier caso, se termina cumpliendo por parte del otro en cuestión, lo que se define como un comportamiento tóxico que es aquel que hace que los demás se sientan: devaluados, inadecuados, furiosos, frustrados, molestos o culpables. En los casos de los que hablo, somos nosotros los que terminamos sintiéndonos de ese modo. Este es uno de los motivos por el cual cuando comenzamos nuestro trabajo de transformación personal, algunas veces, algunas personas quedan atrás.

Cuando miramos hacia atrás con el tiempo, nos damos cuenta de que las personas que no tenían comportamientos nutritivos ya no pudieron compartir con nosotros este nuevo camino. Como digo siempre, no se trata de juzgar (nada más lejos que eso!!!). No se trata de juzgar, porque las personas hacen lo mejor que pueden, aunque no siempre lo que hacemos es lo mejor…

No se trata de juzgar sino de ser asertivos y para eso, es importante aprender a poner Límites, a otros y a nosotros mismos, respetarnos. Salirnos de esos espacios, tomando distancia de relaciones y situaciones tóxicas. Finalmente la responsabilidad última no es del otro, sino nuestra, es nuestra la obligación de cuidarnos y también de elegir con qué alimentos nuestra vida y nuestra estima.

¿De quién es la obligación de cuidarte?

¿Cuál puede ser la ganancia de que elijas sostener algo que te hace mal?

Otras veces, en cambio, somos nosotros los que tenemos comportamientos tóxicos con los otros. Algunas veces, nos escudamos justificando nuestro accionar tóxico en el accionar tóxico anterior de la otra persona, hacemos esto sin darnos cuenta que el accionar nocivo del otro no nos habilita a actuar de igual manera. Cuando otro actúa así, nuestra obligación es poner un límite, pero del mismo modo en que es nuestro deber poner un límite, de ese mismo modo, es nuestro deber ser nutritivos. No ser tóxicos. Por el otro, pero fundamentalmente por nosotros mismos. Porque cuando le respondo mal a alguien, me hago mal es a mí. Y es fácil que te des cuenta que esto es así. Trata de recordar o registrar cómo te sientes cuando gritas, faltas el respeto o lo que sea que hagas. Aunque en el momento, puede que sientas un alivio momentáneo, con el tiempo te sientes mal. Y te sientes mal porque no hiciste lo mejor que podías hacer. Una gran parte de las veces, las personas actúan en forma tóxica porque no saben poner freno a la toxicidad de los otros. Cuando es eso lo que nos sucede, deberíamos poner un límite y mantener nuestro centro… aunque poner un límite implica alejarnos, cuando ya todo lo otro no ha funcionado…

Nada de lo que el otro haga, te habilita a responder de igual modo. Aunque a veces sientas, que te cansaron sus actitudes, sus intrusiones o su accionar. Es importante que separes el accionar del otro, del tuyo propio. Es importante que no re-acciones, sino que tengas la capacidad de elegir tu propio accionar, y por último, creo que siempre es importante recordar que todo lo que hago, ME lo hago. Si eliges cada día ser nutritivo, serás más feliz y si por el contrario, dejas que las circunstancias, las acciones de otros o las emociones, decidan por ti y te manejas de forma tóxica, a nadie le estarás haciendo más mal que a ti mismo…

Quizás sea bueno, recordar la propuesta del primer acuerdo, en “los cuatro acuerdos” de Don Miguel Ruiz: “Sé impecable con tus palabras” lo que equivale a decir, utiliza las palabras apropiadamente, empléalas para compartir tu amor.

Quizás recordaría un paso anterior: para no tener actitudes, acciones o palabras tóxicas, hay que aprender primero a no sostener pensamientos de ese tipo…

La propuesta es ser nutritivos, lo que equivale a tener comportamientos que provocan que los demás se sientan valorados, capaces, queridos, respetados y apreciados. La propuesta es rodearnos de personas que nos presten atención, nos den reconocimiento , que descubran nuestros talentos, del mismo modo que nosotros lo hacemos con ellos, esto genera una energía que nos permite fluir, nos sostiene, mientras avanzamos, mientras crecemos, mientras co-creamos nuestras vidas.

Muchas gracias por leerme. Un abrazo.

Cristina